Democracia venezolana muere en sala de cuidados intensivos

Democracia venezolana muere en sala de cuidados intensivos

La crisis humanitaria que hoy se vive en Venezuela, donde según recientes estudios sociales publicados, más del ochenta por ciento de sus habitantes consume tan solo una comida y media al día, es apenas una muestra de lo que allí ocurre.

Decenas de miles de hombres y mujeres venezolanos acuden a diario a los mercados y farmacias del país en busca de alimentos o medicinas, que les permitan llevar alimento a las mesas de sus familias o aliviar un poco dolor de sus enfermos, ante la frustración y rabia que les debe producir el no poder conseguir casi nunca lo que necesitan y ver cómo los funcionarios del gobierno siguen llenando sus bolsas de manera descarada sin que les importe en lo más mínimo el sufrimiento del pueblo.

Hoy en Venezuela, un país que debería ser el más rico y desarrollado del continente americano después de los Estados Unidos, la miseria, la inseguridad y el abandono deambulan por las calles como Pedro por su casa, sin que el gobierno haga nada, absolutamente nada, por mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Y lo que viene es mucho más grave. Todo indica que en las próximas semanas o incluso días puede presentarse un estallido social sin precedentes y la respuesta del presidente Maduro a la salida constitucional planteada desde 2014 por el líder indiscutible del país Leopoldo López, hoy prisionero de conciencia del régimen, no es otra que el control cada vez mayor de los poderes del estado, la represión indiscriminada contra la población civil y la violación flagrante de los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Como amigo incondicional de la causa de Leopoldo López, de su esposa Lilian Tintori y de los millones de venezolanos que luchan por una mejor Venezuela en la que “todos los derechos sean para todas las personas”, no puedo dejar de sentir rabia de ver cómo se destruyó la democracia del vecino país. Ahora bien pero como colombiano, me preocupa sobremanera ver que el gobierno del presidente Santos no parece tener prevista ninguna estrategia de contención. Es como si tuviéramos que esperar que pase el tsunami para tomar acciones.

Si en la querida Venezuela un estallido social se presenta, por la frontera colombiana pueden cruzar de quinientos a medio millón de venezolanos, lo que generaría una crisis fronteriza y humanitaria de proporciones mayores a la que ya ocasionó la expulsión de colombianos hace un año.

¿Acaso han sido prevenidos de esta situación la Cruz Roja internacional, la Defensa Civil colombiana, las Fuerzas Armadas o las Naciones Unidas, a quienes debería el gobierno colombiano dirigirse desde ahora para pedir su apoyo?

Esperemos que no sea demasiado tarde para que la comunidad internacional motivada por Colombia, que sería el país más afectado, voltee sus ojos hacia Venezuela y deje de lado la posición pasiva y hasta cómplice que ha tenido hasta ahora permitiendo que el gobierno de Maduro destruya a Venezuela. Son pocas las horas que restan para rescatar la democracia venezolana que hoy muere de inanición en la sala de cuidados intensivos.

Presidente de De Vengoechea & Associates.

Artículo de opinión publicado en el diario Un Nuevo Herald
https://goo.gl/HygWZL
No te quedes con esto, compartelo...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email