Medir la opinión pública en tiempos de campaña

Oswaldo Ramirez

Senior Consultant Associate at De Vengoechea & Associates
Consultor en Estrategia, Riesgo Político y Campañas Electorales, es Director de ORC Consultores.
Oswaldo Ramirez
Por Oswaldo Ramírez.-

Mucha agua ha corrido desde hace unos años cuando las encuestas de opinión pública publicadas en medios de comunicación fueron tomadas como indicadores para proyectar resultados electorales, e indico las publicadas en medios de comunicación social o medios de autocomunicación de masas (como define Manuel Castells a las redes sociales), porque son más las que no se publican y mantienen los comandos como los “secretos mejores guardados” de las campañas.

Pero en años recientes y elecciones de todo tipo, las encuestas a las que ha tenido acceso la población general, que en ocasiones solo manejan algunos kilobytes de información y no los terabytes que se manejan en la estrategia de campaña o los megabytes que manejan los medios de comunicación, dan la impresión, al llegar el Día “E”, que esas encuestas se “equivocaron”, llevando a una parte de esa población menos informada a desconfiar de las encuestas, y también conduciendo a algunos mal llamados “consultores” a decirle a sus clientes que las encuestas no sirven.

La realidad es que lo primero que hay que determinar es cómo fue realizada esa encuesta, si la casa encuestadora es seria, o si se trata de una empresa de portafolio para tratar generar desinformación en el torrente de la comunicación política electoral y el intercambio de información entre ciudadanos; por otra parte hay que ver la ficha técnica de ese estudio (siempre recomiendo a mis amigos periodistas a publicar las fichas técnicas para tener fecha, tipo de muestreo, tipo de entrevista, tamaño de la muestra, error y confiabilidad), sobre todo en estos tiempos es vital determinar el tipo de entrevista.

Sobre este particular, cada vez hay menos líneas fijas en hogares, cuando la movilidad y la nube han dado paso a que los contenidos son personales y consumibles en el momento en que el usuario-ciudadano-votante lo decide y no cuando la campaña lo transmite. De acuerdo a la American National Election Studies, Pew Research Center y U.S. Census Bureau, la tasa de respuesta de una encuesta telefónica realizada a través de líneas fijas en hogares ha caído de 72% en 1980, a 61% en el 2000, a 5,5% en el 2012, llegando finalmente a 0,9% en 2016. Para el año 2015, el porcentaje de personas que sólo dispone de teléfono celular en su hogar se ha incrementado y si lo vemos por grupos etarios tenemos hallazgos importantes que conducen al modo en el que pulsamos la opinión pública de cada uno de esos grupos: 18-24 años (59%), 25-29 años (71%), 30-34 años (68%), 35-44 años (57%), 45-64 años (41%) y más de 65 años (19%).

Esto conduce a que cada vez será más complejo encuestar telefónicamente, será más difícil obtener respuestas de un grupo etario, género o minoría determinada y además se pueden elevar los costos (asunto que resulta fundamental en una campaña política) de encuestar por esta vía. Hay que añadir, también hay menos disposición a responder una encuesta, algo que ningún incentivo puede resolver. Un tema que muchas legislaciones deben resolver es la capacidad de entrevistar a teléfonos celulares (siendo estos costos altos, pero en muchos casos necesarios para llegar a ciertos perfiles demográficos).

DVA response rate to phone polls

Por esto hay que presupuestar la realización de encuestas presenciales, que si bien pueden tardar unos días más en el campo te ayudan a tener una cartografía más precisa de la opinión pública, pero además, hay que combinar con técnicas de estudios cualitativos y no sólo focus groups, hoy en día, con el avance de la tecnología, desde la captación de emociones a través de software especializado hasta el uso de electroencefalogramas y técnicas de las neurociencias deben usarse para verdaderamente tener lo que piensa un ciudadano-elector, cuáles son sus aspiraciones, deseos y miedos. Pero esto es insuficiente, hay que comenzar a tener agregados de datos, el Big Data, como opinan, que consumen, como se mueven, que buscan en Internet, que compran, etc., agrega una capa más para la compresión de ese electorado y permite mejorar las narrativas de aproximación para conectarse con los diferentes arquetipos dominantes en un territorio electoral.

Muchos políticos y jefes de campaña se asustan, porque esto cuesta dinero, y para los partidos políticos debe ser mandatorio porque además toma años construir bases de datos con todos estos elementos. No obstante, para una campaña con al menos unos 8 meses por delante se pueden lograr y tener muchos insumos para hacer estrategia, tener narrativas poderosas que hablen a los votantes que realmente queremos conquistar y finalmente sumar a esos adeptos y militantes para alcanzar el triunfo el día “E”.

Pero esto, es solo un fragmento de lo que se requiere para hacer estrategia política, el no disponer de un laboratorio de pensamiento, de inteligencia de entorno, de mapas de poder, de análisis de coyuntura y de prospectiva, puede generar que pierdas la elección. No te puedes quedar solo con encuestas como herramienta, que además no predice el futuro.

Nuestro consejo: si un consultor solo le ofrece encuestas, o le dice que estás no son necesarias. Huya lo más rápido que pueda; está frente a un saltimbanqui de una corte medieval que solo buscará su dinero y entretenerlo con historias que solo serán de su agrado.

No te quedes con esto, compartelo...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email