Los retos de la consultoría política en tiempos de populismo y nacionalismo

Los retos de la consultoría política en tiempos de populismo y nacionalismo

Nuestro Associate Senior Consultant, Oswaldo Ramírez, escribió en la revista política Beerderberg sobre los retos de la consultoría política en tiempos de populismo y nacionalismo, un tema latente en la cultura occidental:

 

Definitivamente el mundo está cambiando. Sólo en 2016, Freedom House da cuenta de los avances de regímenes populistas y nacionalistas en el mundo: no sólo es lo sucedido con la llegada Donald Trump al poder, sino también el triunfo del Brexit, la presencia en al menos once países de Europa de regímenes o alianzas populistas; partidos populistas que pretenden el poder, o ascenso de líderes que bajo consignas nacionalistas, de revancha, de autarquismo, siguen ganando terreno en el panorama político global, y que al menos pudieran mantenerse en el horizonte por el próximo lustro, trayendo consecuencias insospechadas para los ciudadanos que hacen vidas en esos países.

El resurgimiento del populismo en Europa, el mantenimiento del mismo en América Latina –con algunas pequeñas señales de retroceso–, son el producto de un deseo de venganza contra las élites, contra los dirigentes políticos e incluso en contra de las instituciones. La ciudadanía comienza a creer que sus problemas están asociados a que esas élites e instituciones han sido corruptas e ineficientes, lo que demuestra el alto grado de locus de control externo presente en la cultura política.

Además, el miedo, instalado en ese imaginario colectivo en muchas formas, desde el que viste distinto y come diferente, o habla otro idioma; como producto del aumento del terrorismo global con los constantes ataques o amenazas de Daesh, Al Qaeda, Boko Haram, Al Shebah, entre otros; o como producto de las migraciones forzosas que han generado oleadas de refugiados en varias partes del mundo, siendo Europa una de las más afectadas, termina llevando a algunos políticos a aprovechar ese driver emocional para ganar adeptos y llegar al poder.

Ese populismo, que para algunos es usado como recurso en la construcción de narrativas para hacer marketing político, que para otros es un estilo de liderazgo, y en casos más complejos –porque terminan atentando contra la democracia–, es una estrategia política o un credo en sí mismo, termina instalándose en el ADN político de muchos ciudadanos, como forma de respuesta al miedo, como contestación a un sistema político que no ha cumplido la promesa de generar felicidad y estabilidad a los “verdaderos depositarios de la soberanía”.

Y es que, hablarle a los “olvidados” y a las personas comunes se puso de moda. Pero simplemente para ganar apoyos y eventualmente votos, sin importar si esa brecha de expectativas posteriormente puede cerrarse con políticas públicas que acaben con los problemas de fondo que llevaron a esos ciudadanos a abrazar regímenes populistas, nacionalistas y una vuelta al patriotismo forzado. Es decir, la esperanza de que se gobierne para el bien común, en la inmensa mayoría de casos, no es cumplida.

Existen cuatro drivers adicionales que están marcando esta narrativa:

  1. La ansiedad económica.
  2. El miedo por las amenazas a la seguridad.
  3. La incomodidad cultural.
  4. La falta de confianza en las instituciones políticas.

Sobre estos temas en Europa, el Pew Research Center condujo una investigación en 2016, y halló que los europeos eran más pesimistas sobre la economía –visión de futuro–. 5 de cada 10 evaluaban negativamente la situación económica de sus países y particularmente en la pregunta acerca de si sus hijos tendrían un mejor futuro económico que sus padres, en Europa el 28% consideraba que sí lo tendrían (64% que no), en contraste con América Latina, cuyo indicador positivo es del 58% (35% que no).

Para leer el artículo completo haga click aquí 

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