ENTRE LA GUERRA Y LA PAZ

Mauricio De Vengoechea

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Estratega Político
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Por Mauricio De Vengoechea.-

Después de más de cincuenta años de cruenta guerra entre el Estado colombiano y las fuerzas armadas revolucionarias del país, grupo guerrillero mejor conocido como Farc, Colombia transita hacia la Paz después de llegar a un acuerdo histórico de poner fin al conflicto armado suscrito en Junio de este año entre las partes.

Sin embargo esta noticia que debería llenarnos de esperanza a todos los colombianos, ha terminado por exacerbar los ánimos y polarizarnos de tal modo que hoy podemos decir que comenzaremos pronto a transitar por un camino de piedra.

El origen de todo, el conflicto irreconciliable entre el actual Presidente Juan Manuel Santos y el Expresidente Álvaro Uribe Vélez. Para el primero la Paz se convirtió en una razón de vida. Es la huella indeleble que Santos quiere dejar de su paso por el poder. Para Uribe, una traición de quien fuera su Ministro de Defensa quien como candidato prometió continuar hasta el final con las políticas de Uribe, principalmente con la de Seguridad Democrática, como él mismo la denominó.

Lo cierto es que como dice el refrán popular “Muerto el Rey, Viva el Rey”, algo completamente inaceptable para Uribe y los Uribistas que ahora decidieron seguir por la vía del NO en el plebiscito con que han de refrendarse los acuerdos de La Habana.

Lo que no soporta Uribe son dos cosas: de un lado el que Juan Manuel Santos no sea su títere para poder seguir gobernando tras bambalinas; y del otro, que la Paz que por encima de su posición contrario terminará dándose no la consiguió él pese a los esfuerzos de iniciar un proceso, sino que prefirió irse lanza en ristre contra las negociaciones lo que lo coloca pensando en el plebiscito del lado de los que prefieren la guerra.

Del lado de Santos, los réditos no serán como el presidente esperaba, es decir, significativos y de corto plazo pues la verdad es que más allá del protagonismo deseado, su mala imagen entre la opinión pública dificultará la aprobación del plebiscito y peor aún, dejará entre los colombianos por largo rato, una estela de desconfianza sobre lo negociado en la habana.

De todo modos, ocurra lo que ocurra, es mucho más en términos de esperanza lo que los colombianos ganamos con estos acuerdos de Paz, que lo que nos deja el resentimiento de años producto de las atrocidades cometidas por los rebeldes que afectó la vida, honra y bienes de muchos colombianos.

En concreto, con los acuerdos de paz los índices de violencia del país, disminuirán drásticamente como de hecho ha ocurrido ya este año según lo muestran las estadísticas de violencia, y lo más importante quizás, Colombia dejará de invertir dos por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) en la guerra, algo que no nos dejaba crecer a un mejor ritmo.

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